Enseñanza ni de Derechas ni de Izquierdas: Igualdad de oportunidades

Hay gente de izquierdas y derechas por corazón o por interés, pero creo que muchos se adscriben a una de estas opciones sin mucha reflexión.

Los términos derechas e izquierdas usan por primera vez en 1789 en la Asamblea Nacional Constituyente surgida de la Revolución Francesa en donde los feudales, situados a la derecha del presidente, defendían mantener los privilegios de la corona (y consecuentemente los suyos), y los revolucionarios, a la izquierda de la cámara, eran favorables a los cambios que pretendían suprimir los derechos reales.

Esa posición era costumbre cuando surge el marxismo como una filosofía de vida que reacciona a un capitalismo heredero de las más rancias esencias feudales en las que unos pocos poseían la riqueza y muchos sólo disponían de sus manos. Hemos de tener en cuenta que una teoría así no salió de un trabajador ya que tanto Friedrich Engels como Karl Marx provenían de familias acomodadas que le proporcionaron una buena educación. Dicho de otra forma, su capacidad crítica desarrollada por la enseñanza recibida, les permitió rechazar el modelo productivo en el que se basaba la sociedad de su época. Quizás en aquel momento histórico fuera lo más apremiante.

Hoy se mantiene esa distribución en nuestro parlamento pero el tiempo ha diluido las posturas radicales (aunque con algunos rebrotes) puesto que, la derecha moderna asume muchos postulados sociales, se ha desvinculado de la nobleza y el clero y defiende al individuo frente al poder del Estado y su presión impositiva. Igualmente la izquierda moderna, denominada socialdemocracia, no combate al capital admitiendo la Economía de Mercado aunque manteniendo la protección social mediante una mayor carga fiscal.

En la enseñanza, ambas tendencias han querido intervenir para sumar adeptos a sus respectivas causas. El adoctrinamiento forma parte solapada de muchos planes educativos e incluso en el “currículo oculto” de muchos profesores.

Sin embargo, hay algo en lo que todos podrían suscribir: la igualdad de todos los ciudadanos en derechos y deberes ha de incluir, entre otras, la igualdad educativa, lo que en resumen significa: Igualdad de oportunidades.

La igualdad de oportunidades es algo fundamental para que todos las personas, sin exclusión, puedan desarrollar sus posibilidades  y esto si merece el esfuerzo de todos. No deberíamos perder ningún excelente Ingeniero o Arquitecto, Físico o Matemático, Filósofo o Artista por la fatalidad de haber nacido en unas circunstancias que no la han dado ninguna oportunidad.

En este país estas circunstancias son notorias y conocidas. El informe PISA recalca y ponen en evidencia las diferencias vinculadas a la situación socioeconómica de los padres como elemento decisivo de la educación de los hijos. Las situaciones de marginalidad y pobreza constituyen un considerable hándicap para los alumnos. Por ello la acción sobre padres o tutores debería ser un foco preferente a la hora de eliminar este condicionante.

Aunque puede estar relacionado con el nivel económico, la situación geográfica también va a condicionar el desarrollo de los alumnos. Este hecho está contrastado como se muestra en el informe PISA 2018 referido a las Comunidades Autónomas.

Similar situación se produce en cuanto al abandono escolar, con lo que se agudizan dramáticamente las diferencias norte-sur.

De: https://www.magisnet.com

La España de las Autonomías deviene en la España de las “Anomalías” educativas y consecuentemente en grandes diferencias en la igualdad de oportunidades.

La desigualdad de género es especialmente relevante en el sector de la ciencia y la tecnología.  Según datos de Eurostat para España en 2017, sólo el 15,6% de los profesionales en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son mujeres. Es preciso poner el foco no sólo en la diversidad sino también en la inclusión, para lo que la enseñanza debe generar un entorno en el que las mujeres sean y se sientan parte por sistema de todos los procesos y niveles, haciendo así efectivo y tangible el valor que aporta la diversidad de género.

Es responsabilidad del gobierno central, sea cual sea su inclinación o signo político, la vigilancia y control de la igualdad educativa en todos sus territorios y para ello debería hacer un seguimiento del aprendizaje antes de que deficiencias sean irreversibles. Ello no implica que se recentralice el sistema educativo sino que se garanticen la igualdad de oportunidades,  inclusión y diversidad, así como el nivel de todos los alumnos, evaluando periódicamente que estos requisitos se alcancen en todo el Estado.

Esa será la verdadera igualdad que hará de los ciudadanos depender sólo de su capacidad y esfuerzo para tener las mismas oportunidades.  

Publicado por JuanL Roje

Doctor Ciencias Físicas, exprofesor Titular de Universidad

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