Razones y Convicciones

Hace algunos días leí un artículo firmado por Milagros Pérez Oliva en El País “¿Cuánta mentira podemos soportar?” en el que plantea la pregunta en torno a la política y a los medios de comunicación haciendo alusión a los cortes de las declaraciones de Trump en las principales cadenas de TV americanas, señalando la falsedad de las afirmaciones que su presidente hacía respecto a supuestos fraudes en el recuento de las votaciones americanas. Twitter también censuró tachando como engañoso algún tuit de Trump y Facebook  clausuró una cuenta (Stop the steal) en el que se hacía apología de la misma falsedad.

Creo que a la mayoría de los españoles (con independencia de su inclinación política) nos parecían desmesuradas o falsas muchas de las afirmaciones que el presidente americano hacía a través de diferentes medios y especialmente en Twitter. Sin embargo hay que tener en cuenta que en EEUU esta visión no se compartía por el 50% de la población a tenor de los resultados electorales.

La misma autora señalaba en su artículo:

 “Tras cuatro años de locura, el vaso se había colmado. Aquella no era una falsedad más de un mentiroso compulsivo. Era la demostración de que la posverdad puede destruir la democracia. Y todos percibieron el abismo que eso representaba. Lo sorprendente es que la sociedad norteamericana haya encumbrado, a través de los mecanismos de la propia democracia, a un personaje como él y que después de cuatro años de mentiras, todavía le hayan votado 70 millones de personas. Y esta vez no puede decirse que votaran engañados. El diario The Washington Post había estimado que a finales de agosto sumaba 22.247 falsedades.

Y la causa de tal cúmulo de despropósitos se producen en cualquier país u organización social pero sólo  somos capaces de apreciarla cuando la vemos desde afuera porque no estamos implicados emocionalmente. Como dice nuestro refrán “la paja en el ojo ajeno”.

La “paja” se señala más adelante cuando escribe:

“La ciencia política tendrá que aclarar las claves del apoyo popular a un personaje tan errático que actuaba como un antisistema desde dentro del sistema. Pero el periodismo también tendrá que reflexionar sobre su impotencia ante el avance de la posverdad. Descubrir la mentira no es suficiente. Los políticos que mienten saben que serán descubiertos inmediatamente. Pero no les importa. Saben que no serán penalizados por mentir siempre que sepan mantener la adhesión de sus seguidores. Si se permiten faltar a la verdad es porque presumen que, en un contexto de polarización extrema a la que ellos contribuyen con sus falsedades, no les importa que les mientan. Que prefieren escuchar lo que quieren oír antes que escuchar la verdad. Saben que lo que cuenta es la identificación emocional y esta no se consigue con la verdad, sino con un relato que les permita sentirse parte de algo, aunque ese relato dibuje una realidad alternativa que nada tenga que ver con los hechos”

Esta lectura me encontró inmerso en un estudio sobre la evolución del pensamiento a través de la historia y en ese estudio encontré la conferencia del Dr. José María Bermúdez de Castro sobre  “Claves biológicas y culturales de la evolución humana”. Allí hallé la respuesta: El sistema límbico. Me había pasado mucho tiempo estudiando la evolución del pensamiento “racional” que los modernos estudios de la neurociencia sitúan en lóbulo frontal que es la parte más desarrollada que los humanos tenemos respectos al resto de los animales incluido nuestro pariente más próximo el chimpancé. Pero es el sistema límbico, que se encuentra en las profundidades de nuestro cerebro, el que gestiona nuestros instintos más básicos y nuestras emociones (miedo, felicidad, rabia..) y el que rige o controla nuestras acciones por encima de los “algoritmos racionales” que elabore nuestro lóbulo frontal.

Esta debe ser la causa de que demos más razón a los que nos dicen lo que queremos oír, es decir, lo que concuerda con nuestros sentimientos y convicciones, que a los que nos dan argumentos y razonan en contra de ellos. El que miente sabe que su mentira da cohesión al grupo al que va dirigida y produce adhesiones más fuertes por identificación emocional. Los vínculos humanos basados en la racionalidad son más débiles cuando no llevan el soporte de los sentimientos.  Esa identificación emocional es la base de lo que B.J. Fogg sostenía: “Facebook saca provecho de nuestra necesidad de pertenecer a un grupo”,  como señalaba en Un Mundo Feliz: de la ficción a la realidad”. Ahora debemos saber que no sólo son las Redes Sociales las que sacan ese provecho sino también los políticos y los medios de comunicación que nos mienten o manipulan generando convicciones irracionales que guiarán nuestro comportamiento.

A pesar de eso no debemos repudiar a nuestro sistema límbico puesto que sin él sólo seriamos robots. Pero debemos estar atentos a los que, conociendo estas debilidades humanas, tratan de manipularnos. El conocimiento de nuestra propia naturaleza y el desarrollo del espíritu crítico son las únicas armas que disponemos contra ellos.

Publicado por JuanL Roje

Doctor Ciencias Físicas, exprofesor Titular de Universidad

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