Catilinarias

¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia?
¿Hasta cuándo esta locura tuya seguirá riéndose de nosotros?
¿Cuándo acabará esta desenfrenada osadía tuya?

De esta manera se dirigía Cicerón a Catilina en el senado romano 63 años a. C. y denunciaba las maniobras y conspiraciones con las que éste pretendía eliminar a Cicerón y a los que como él se oponía a su nombramiento.

Los discursos de Cicerón (catilinarias) fueron recogidos y usados como ejemplos en la enseñanza del latín cuando este era obligatorio en cuarto curso de bachiller que se impartía en nuestro país en el año 1962 siendo yo, apenas, un adolescente. Nos daban a conocer el modelo de oratoria aunque no de democracia que entonces ni estaba ni se la esperaba.

Esta formación, reforzada en cursos y estudios superiores para los alumnos de “letras” o Humanidades, era la base de nuestros parlamentarios antes y después del franquismo. Nuestro país ha tenido grandes oradores antes del franquismo (Castelar, Cánovas, Gómez de la Serna, Unamuno, Maura, etc.) y después en la transición (Suarez, Carrillo, Tierno Galván, Guerra), pero no cabe duda de que una de nuestras grandes crisis actuales es la de oradores elocuentes y convincentes que no usen el exabrupto como la mejor y muchas veces única herramienta de su discurso.

En un mundo acelerado en donde todo se consume velozmente, no hay tiempo para nada más que mensajes cortos con supuesta información a la que dedicamos escasos segundos y,  sin más reflexión, apoyamos o rechazamos incondicionalmente. La generación y difusión de estos mensajes está hoy al alcance de cualquiera por lo que continuamente estamos recibiendo gran cantidad de ellos a través de los diferentes medios que nuestra tecnología proporciona.

El “ruido informativo” o desinformación nos impide distinguir y procesar la información verdadera. En este ambiente ruidoso cualquiera puede hacer una afirmación hoy y dentro de dos días manifestar lo contrario porque el caudal continuo de la información ya habrá hecho desaparecer de nuestro recuerdo la primera. Es como el tiempo que transcurre en nuestro campo visual un pequeño objeto que circula velozmente por las aguas de un río turbulento.

En el espectáculo de la política parlamentaria actual ya no se estila un largo y coherente discurso al que oponer un elocuente argumento. No es tiempo para la retórica. Nuestros políticos  ni están preparados ni buscan convencer o persuadir a sus oponentes. Se centran en lanzar frases cortas y contundentes sustentándolas sobre tópicos y con las que alimentar a sus incondicionales, aliñando su pobre discurso con descalificaciones, cuando no improperios, a sus oponentes.

Y que nadie se sienta directamente aludido pues no es mi intención señalar a ninguna opción política concreta, no quisiera contribuir a ese ruido. Pero en estos mecanismos y a falta de mejores conocimientos,  están especializados y practican diariamente la mayoría de nuestros actuales políticos.

Usan su discurso para crear un sentimiento polarizador en donde las hormonas prevalezcan por encima de cualquier consideración racional. Y una sociedad polarizada ideológicamente tiene baja puntuación en tolerancia y nula su capacidad autocrítica.

Foto de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cicer%C3%B3n_denuncia_a_Catilina,_por_Cesare_Maccari.jpg

Publicado por JuanL Roje

Doctor Ciencias Físicas, exprofesor Titular de Universidad

2 comentarios sobre “Catilinarias

  1. En mi humilde opinión, el discurso político ha cambiado para adaptarse a los tiempos que corren y porque pretende llegar a la mayor parte de los votantes o a un colectivo de votantes específico. Por ello, utiliza un lenguaje llano, concreto y cercano. Hoy en día el discurso político se ha convertido en un slogan y una campaña de marketing. Sólo hay que ver las últimas en EEUU, con el señor Obama el Yes, we can, y con el señor Trump, Make America Great Again. En España, aunque sin slogan, es similar a la hora de vendernos una idea, que no un proyecto: los de izquierdas contra los de derechas, el Madrid contra el Barça, … Opio para el pueblo en tiempos modernos.

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    1. Gracias por tus comentarios. Efectivamente cada tiempo tiene su vocabulario y estilo. Pero la retórica o el arte de la persuasión necesita personas cultas para fourmular propuestas y admitirlas o rebatirlas de forma inteligente. En muchos paises la Retórica es una asignatura que se imparte en las universidades en diversos grados y en especial en el de Derecho. ( http://portal.uned.es/EadmonGuiasWeb/htdocs/abrir_fichero/abrir_fichero.jsp?idGuia=86947)

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