Del fracaso al éxito educativo

Deberíamos tener claro que la educación no es simplemente traspasar unos conocimientos a niños, adolescentes y jóvenes para que se conviertan en adultos con éxito. La educación de hoy será la base del desarrollo de la sociedad de mañana, haciendo que las ciudades, regiones o países prosperen y estén preparados para resistir y superar las crisis que el mundo actual debe afrontar.

Bajo esas premisas y con los datos del último informe PISA (2018) y de la oficina Europea de Estadística (Eurostat), España no sale bien parada. Nuestro país en general y algunas CCAA en particular, no consiguen mejorar e incluso empeoran el nivel de conocimientos en áreas fundamentales como matemáticas y ciencias y, aunque mejoran las tasas de abandono escolar, seguimos liderando tristemente este factor en el conjunto de países de la UE.

Al análisis e interpretación de esos datos se han dedicado muchos estudios, pero quizás un nuevo enfoque pueda servir para orientar la labor educativa que corrija esas deficiencias.

Los datos

Nivel de conocimientos

En Informe PISA 2108 (la prueba de la OCDE que mide las competencias de los alumnos de 15 años en ciencias, matemáticas y comprensión lectora), refleja que los estudiantes españoles tienen un menor rendimiento en ciencias respecto al 2015 (de 493 a 483). En matemáticas también han bajado su puntuación (de 486 a 481) y ambas están por debajo de la media de los países que lo realizan (489), como se observa en el siguiente gráfico del Informe.

En las gráficas se muestran la evolución de las puntuaciones obtenidas en las pruebas en los últimos quince años. Sin embargo, los datos y esos gráficos primarios son escasamente interpretables en cuanto a la valoración y significación de las diferencias y, sobre todo, de su repercusión académica.

Para mejorar la apreciación de esos valores se han transformado las puntuaciones teniendo en cuenta que las pruebas se realizan a estudiantes de 15 años de edad. Igualmente se asume que, según los expertos de dicho informe, 30 puntos representan la evolución de un curso académico (12 meses de edad).

Con estos supuestos, convertimos las puntuaciones absolutas en las pruebas PISA en valores relativos respecto a la media de las calificaciones en la OCDE y valoramos, en términos de edad académica, dichas puntuaciones. De esta forma, si la media de las puntuaciones en los países de la OCDE es 489, este valor representa la edad académica de 15 años (que tomaremos como referencia 0). Un valor 30 puntos por encima de ese valor de referencia (519) equivale, en términos relativos, a 12 meses (1 año) superior, es decir, a un nivel académico de 16 años. Por el contrario, 30 puntos por debajo (459) supondría estar académicamente en un curso inferior o 12 meses menos.

Con estas consideraciones, las puntuaciones relativas obtenidas en el área de Matemáticas quedarían como se muestra en la siguiente gráfica comparativa:

Salto educativo en el área de las matemáticas de las CCAA, España y otros países del informe PISA 2018

En este gráfico el valor 0 representa la puntuación de valor igual a la media de la OCDE (489 puntos en Matemáticas) que se corresponde con la edad de 15 años. En la figura puede verse que, salvo los países asiáticos, en los que las puntuaciones sitúan a sus estudiantes varios cursos por delante de la media (>36) (¡hasta más de tres cursos!), algunas comunidades se sitúan un curso académico por debajo (-12).

En la siguiente figura se representa de forma más explícita lo detallado anteriormente para las puntuaciones obtenidas en matemáticas y ciencias en las CCAA y la media nacional. De ella fácilmente se desprenden aspectos fundamentales:

Niveles educativos en Matemáticas y ciencias en España y las CCAA respecto de la media de la OCDE

La media de nuestro país en ambas áreas se sitúa entre 3 y 4 meses de tiempo académico por debajo de las medias de la OCDE. Una diferencia no excesivamente notable salvo por el hecho de que otros países de nuestro entorno europeo las superan claramente. En resumidas cuentas:

La segunda consecuencia que se deriva son las diferencias entre CCAA que en algunos casos suponen más de un curso académico (diferencias superiores a 12). Esto implica una desigualdad que afectará al rendimiento académico futuro de los estudiantes y al desarrollo de sus respectivas CCAA, lo que puede verificarse comprobando que aquellas comunidades con menor nivel educativo tienen también una menor renta per cápita:

Abandono escolar

Otro factor de la enseñanza que se analiza a nivel europeo por Eurostat es el abandono escolar. El siguiente cuadro pone de manifiesto el nivel que alcanza este problema, que va desde el 40 % en 1992 al 17,3 % en 2019.

Podríamos pensar, en el lado optimista del gráfico, que se viene reduciendo el abandono escolar en nuestro país pero resulta evidente que persisten las diferencias significativas respecto a otros países de nuestro entorno y a pesar de esa reducción, en 2019 España lidera la tasa de abandono escolar con un 17,3 % respecto de los países europeos y está muy lejos del 10% recomendado por la UE.

Pero lo más grave, quizás, de estos gráficos surge cuando se analizan conjuntamente. La pregunta inmediata es:

¿Por qué se reduce el abandono escolar cuando se mantienen bajas las puntuaciones en matemáticas o en ciencias?

Si hubiéramos mejorado el nivel de los alumnos que abandonaban los estudios debería haber incrementado el valor de las calificaciones globales, de lo contrario, deberíamos deducir claramente que:

Algunas conclusiones

Por enunciar algo que debería ser evidente, debemos afirmar, en primer lugar, que nuestro nivel educativo en general está por debajo de la media de los países desarrollados de nuestro entorno. La segunda cuestión que se deriva es que, a pesar de tener una ley de educación común, las diferencias entre CCAA alcanza hasta el equivalente a un curso de escolarización. Finalmente, la mejora de la tasa de abandono es sólo virtual y puede atribuirse a la reducción del nivel para superar cursos y no a la mejora de la enseñanza a ese grupo de estudiantes con dificultades de aprendizaje.

Los remedios

Aunque excelentes profesionales y expertos ya hayan apuntado algunas buenas alternativas para mejorar la educación en España, existen muchos condicionantes que las hacen prácticamente inviables. La impopularidad de esas medidas inhibe su presentación y su aceptación.

Básicamente serían:

  • Ley de educación elaborada por profesionales y expertos.
  • Revisión de los resultados de la enseñanza mediante pruebas externas en determinados niveles.
  • Repetición de curso cuando, en un determinado momento, el estudiante no alcance los objetivos en las áreas fundamentales: Lengua, Matemáticas y Ciencias.

Quizás sea imposible convencer a los políticos de que dejen de usar la ley de Educación para cualquier otro fin que no sea el de la propia educación. Tanto a nivel nacional como autonómico, las luchas por el predominio de una determinada ideología política convierten a la educación en la almoneda para cuestiones ajenas a la enseñanza y que minarán, por adoctrinamiento, el desarrollo del espíritu crítico que debería constituir uno de sus principales objetivos de esa enseñanza.

Una verdadera ley de educación no debería tener el nombre propio de ningún ministro, a lo sumo debería tener un número de versión o año (Ley de Educación 1.0). Un organismo nacional para la enseñanza podría ser el lugar de convergencia de expertos y representantes cualificados de los diversos sectores (padres, alumnos, profesores) que se encargara de su elaboración, seguimiento y modificación cuando procediera. Tenemos, en ese sentido, expertos y profesionales de la enseñanza muy implicados y concienciados en la necesidad de su mejora.

Deberían establecerse pruebas externas, anuales y comunes, canalizadas por ese organismo independiente (en la universidad ya existe la ANECA), servirían como prospectiva con los siguientes objetivos:

  • Equiparar los niveles en todo el territorio nacional, lo que supone una auténtica igualdad de oportunidades tanto para alumnos como para CCAA.
  • Evaluación y corrección del sistema educativo en general o de su aplicación por los centros de enseñanza en particular.
  • Homogenización del valor de las calificaciones para el acceso a la universidad
  • Conocer y corregir los déficits educativos de los estudiantes, proponiendo las áreas de mejora necesarias para la recuperación de su nivel educativo.

De las necesidades de esa evaluación externa, con cualquier denominación que se le dé, se podría tratar de convencer a padres y alumnos, mediante algunos argumentos. El primero es que detectar las deficiencias en la educación a los 14 años permitirá corregirlas cuando aún se está a tiempo (tratar de resolver ecuaciones de segundo grado cuando no se conocen las de primer grado llevará indefectiblemente al fracaso).  Además, si las carencias no son excesivas, pueden servir de indicativo para plantear un plan de recuperación e reinserción en el grupo de edad que lleve el alumno. La repetición sólo sería inevitable cuando el fracaso fuera general y afectara a los aspectos troncales de la enseñanza (lectura, matemáticas y ciencias).

Pero repetir curso no es una opción que satisfaga a nadie porque es la prueba de un fracaso y en nuestro país, esto está muy mal visto. Por eso, para mantener a los alumnos en el curso que por edad les debiera corresponder, tanto los padres como la administración (Gobierno), tratan de evitar a toda costa la repetición. Los primeros desean que sus hijos sean superiores o “como los demás” en el peor de los casos, y la solución que reivindican es que estos puedan pasar de curso.  Por ello la solución inmediata a las reivindicaciones de los padres se consigue rebajando el nivel de exigencia para la superación de cursos en los sucesivos planes de estudios.

Sin embargo, a nadie debía asustar el fracaso y la repetición de curso de nuestros estudiantes, porque repetir un curso servirá para afrontar ese fracaso y sincronizar el nivel de la docencia con el nivel de conocimientos del alumno. Ese paso atrás puede permitir coger el impulso necesario para superar las dificultades que, de otro modo, nos acompañarían toda la vida.

Todo esto porque, como dice el cantar: lo importante no es llegar primero sino llegar. A lo que añado: y llegar bien.

Publicado por JuanL Roje

Doctor Ciencias Físicas, exprofesor Titular de Universidad

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