Acerca de

No sólo somos lo que comemos, también somos lo que aprendemos.

Algunos de mis Maestros han condicionado radicalmente mi vida. El primero fue una persona con acondroplasia. Yo tenía trece años y me enseñó a razonar matemáticamente.

Mi segundo maestro fue un profesor de universidad que los avatares de nuestra guerra civil le habían relegado de su cátedra y ejercía de profesor en la academia donde estudié el bachillerato.

Un cura hizo que me aficionara a la filosofía promoviendo debates sobre los temas de esa materia para lo que establecía dos grupos en la clase y nos asignaba de forma aleatoria a defender o rebatir un determinado tema.

He tenido otros buenos profesores y amigos que me inclinaron primero por las Telecomunicaciones y posteriormente por la Física.

Nunca he dejado de estudiar porque la curiosidad siempre me ha seguido en mi ya larga existencia

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